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jueves, 5 de marzo de 2015

CUENTO COEDUCATIVO DEL DÍA DE LA MUJER...

Había una vez un país muy, muy lejano. Ese país estaba era Estado 
Unidos. Allí en una ciudad que se llamaba Nueva York nació Ana.

Ana desde muy, muy pequeña tuvo que trabajar para poder comer y no podía irse a jugar con muñecas, ni con pelotas, ni con sus amigos y amigas, ni siquiera podía leer cuentos con los que soñar porque tenía que trabajar para ayudar a su familia.

Cuando Ana creció y se convirtió en una jovencita comenzó a coser en una fábrica muy, muy grande que había en su ciudad. Allí conoció a Ben, su buen amigo.

La verdad es que Ana no tenía muchas amigas, de su casa se marchaba al trabajo y del trabajo a casa sin pensar en otra cosa. Pero Ben era un buen chico.

Allí en la fábrica de ropa Ben cosía dos filas más allá que Ana.
Llegó fin de mes y los trabajadores y trabajadoras de la fábrica textil se pasaron por Administración para cobrar su salario. Ana se dio cuenta que los hombres y los muchachos iban a la parte A y las mujeres y muchachas a la parte B.

Ana cobró sus seis dólares y los guardó en su bolso, pero se dio cuenta que algo no iba muy bien.
Esperó a Ben, su amigo a la salida del trabajo y pensó en dar un pequeño paseo por el parque de vuelta al hogar.
Ben se alegró mucho al ver que su amiga Ana le esperaba y ambos
comenzaron el paseo. Antes de recorrer el primer paso ella le preguntó a su amigo:
-¡Oye Ben!, ¿Cuál es el salario que te han dado a ti?

Ben se puso de color rojo fuerte, no se esperaba que una chica le
preguntara por dinero, pero como era una chica muy amiga de él, le
respondió:
-Me han dado doce dólares. Creo que sé porque me lo preguntas Ana, pero quizás te estás metiendo en un lío.
Ana se quedó callada por un momento, su corazón, le pedía que tenía que hacer algo ante aquella injusticia, sabía que al final no estaría sola, así que le comentó a Ben lo siguiente:
-Ben, sé que eres mi amigo y eso es muy importante para mí, pero yo también soy una amiga para ti por lo que si quieres puedes ayudarme. Simplemente ayúdame escuchando lo que voy a decirte.
Ambos trabajamos doce horas, ¿verdad? Ben asintió con gesto emotivo:
- Si trabajamos igual, tintamos las mismas telas, utilizamos las manos para trabajar. 

- ¿Por qué tú cobras de la Admisnistración A doce dólares y yo
seis de la B? - comentó Ana.  

- La verdad es que no tengo ni idea, -asintió Ben.

Creo que porque tú eres una chica, y vosotras cobráis menos.
¡Ah! Pero trabajamos en lo mismo las mismas horas, yo y mis compañeras, sin embargo cobramos menos, vosotros tenéis 45 minutos para comer, nosotras media hora. Si tenemos bebés nos echan del trabajo, si nos enfermamos nos descuentan los días.Vosotros sólo tenéis medio día de descuento y de tener familia, os da igual porque no os afecta. Creo y siento que todo esto es injusto. Tengo que hacer algo.
Ana dejó boquiabierto a Ben y se marchó a casa. Allí cogió papel y pintura e ideó un plan.

Ya sé lo que voy a hacer, -pensó-, voy a recorrer los barrios ricos y
poderosos de la ciudad de Nueva York y voy a reclamar igualdad en el trabajo para mujeres y hombres. Para ello se colgó un cartel en el que ponía: “igualdad para las mujeres y los hombres”.
Así que a la mañana siguiente se despertó como todos los días, se duchó, vistió y desayuno como de costumbre y se colocó el cartel. Bajó las escaleras de su casa, abrió el portal de la calle y se quedó perpleja. Allí estaba su amigo Ben, sonriendo, y le dijo:

-Amiga mía, me he tirado toda la noche pensando en cuántas
cosas me dijiste del trabajo, he pensado en mi madre, en su trabajo de ama de casa, en lo importante qué es lo que hace para mi familia. He pensado en mi hermana, que trabaja tanto para dar de comer a sus pequeños y su marido enfermo, así que supongo que todas las mujeres del mundo hoy deberían estar muy orgullosas de lo que vas a hacer. Yo soy hijo de una mujer y de un hombre, tengo tanto de mamá como de papá. Así que estoy contigo. 

Ana se alegró mucho y abrazó a Ben, y se fueron caminado calle abajo para coger el tranvía y llegar a esos barrios de los dueños de la fábrica textil. Cuando sacó el ticket del billete ponía 8 de marzo de 1857.
Al llegar a su destino Ana se bajó pero le pidió a su amigo que no lo hiciera que lo más importante para ella era el valor de reconocer la desigualdad que había y eso era lo más importante. Ben accedió y Ana anduvo por las calles llenas de hombres poderosos con miradas perplejas y mujeres calladas pero felices en su interior por observar el valor de una mujer ante una situación así.
Al final Ana consiguió algo de lo que quería, comenzar una lucha por la igualdad, aunque a ella la detuvo la policía por pensar que su mensaje escrito alborotaba a la población.

Hoy en día aún existen muchas mujeres “Anas” y muchos hombres “Ben” que piensan y sienten que la igualdad es un derecho de las personas.
De esta forma se encontró la noticia de Ana otra mujer en un periódico, ella se llamaba Clara, Clara Zetkin. Ella era alemana y de profesión  maestra y se dio cuenta de lo importante que era la historia de Ana, así que creó un periódico al que llamó "La Igualdad", por lo que reivindicaba, tuvo que huir de su país e irse a otro, a Suiza. Luego las cosas cambiaron un poco y pudo volver a Alemania. Clara se puso muy contenta cuando regresó.

Allí siguió trabajando y luchando porque mujeres y hombres fuésemos iguales en los deberes y en los derechos así que cuando cumplió los cincuenta años tuvo su mejor regalo. En Conpengahe, una ciudad muy bonita que está en Dinamarca se celebró en 1910 la Primera Conferencia Internacional de mujeres y allí ella propuso que este día, el 8 de marzo fuera el Día Internacional de la Mujer.
Lo que Clara consiguió en aquella reunión fue aprobado y aplaudido por todas las mujeres. El derecho al voto, la igualdad de oportunidades para ejercer cargos públicos y el derecho al trabajo.
Clara conoció años más tardes a otra mujer Rosa Luxemburg y las dos intentaron parar una guerra, pero esa ya es otra historia...

miércoles, 4 de marzo de 2015

EL DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA

   

LAS TRES FLORES

Se llamaban Hortensia, Margarita y Rosa. Quizá por eso las
llamaban las tres flores.
Habían nacido el mismo día, con intervalos de minutos, y se
parecían muchísimo.
A las tres les gustaba la informática y las nuevas tecnologías.
Soñaban con ser grandes profesionales. No se les daban muy bien la costura.
En esto se parecían a mamá en todo, que era una artista de la
aguja y había montado un pequeño taller de costura. Lo hacía de
maravilla; cualquier trozo de tela lo convertía en una obra de arte.
Pero era un trabajo agotador en el que no contabilizaban las
horas. Después de que los dependientes y las dependientas
terminaran su trabajo, ella seguía preparando patrones y cosiendo
hasta bien entrada la noche.
A veces, los clientes y las clientas exigían demasiado, sobre
todo en puntualidad. Y llevaban razón, porque no se podía retrasar
una boda, ni la feria. Era entonces cuando mamá no conocía el
descanso y esto le pasaba últimamente con mucha frecuencia.

Aquella tarde, cuando llegaron a casa, ya se habían ido los
chicos y las chicas del taller. Fueron a saludar a mamá y a pedirle que hiciera flanes para la cena, cuando la encontraron dormida sobre un traje de fiesta que pasarían a recoger aquella misma tarde.
El primer impulso fue el de despertarla cuando se dieron
cuenta de su agotamiento.
Había ido acumulando cansancio tras largas noches sin dormir lo necesario y estaba rendida.
Hortensia dijo: 
- No hagamos ruido; dejémosla dormir.
A lo que Margarita añadió: 
- Pero ese vestido tenía que entregarlo esta tarde.
Intervino Rosa diciendo: 
- Ella no puede seguir trabajando, hagámoslo nosotras.
¿Cómo? No sabemos, contestaron a dúo Hortensia y
Margarita.
No sabemos pero podemos intentarlo, miremos a ver qué es lo
que falta.
Con mucho cuidado quitaron el vestido de las manos de
mamá, que ni siquiera notó la presencia de las niñas.
El vestido estaba casi acabado. Sólo le faltaba por coser un
volante y el dobladillo.
Esto no parece tan difícil, dijo Hortensia.
Pues yo lo veo muy complicado, añadió Margarita.

- ¿Y si lo intentamos? sugirió Rosa.
Margarita opinó que podían estropearlo y dijo que no contaran
con ella.
¿Pero es que no te das cuenta, Margarita, de que mamá no
puede terminarlo y vendrán a recogerlo esta tarde? Así es que ya
puedes coger una aguja y un dedal porque debemos ayudar las tres.
Como vieron que Margarita no estaba dispuesta a coser, le
dijeron sus hermanas:
- Está bien, no cosas, pero haz de maniquí. Tú te pones el
vestido y nosotras lo redondeamos.
Así lo hicieron. Margarita pronto se cansó de hacer de
maniquí y pidió una aguja. Se la dieron y ella también se puso a
coser.
Entre las tres terminaron el vestido aunque las puntadas
dejaban algo que desear.
Desde aquel día decidieron que, al menos un rato a la semana,
ayudaría en la costura a mamá para descargarla un poco de su trabajo.
Aprendieron a coser e incluso Margarita se convirtió en una
diseñadora de moda de fama internacional.

LA HUELGA DE MAMÁ

Santiago y Juan eran dos hermanos que traían un poco
cansada a su madre. 
En el colegio eran muy malos estudiantes. En casa, su habitación era un completo desorden con la ropa tirada de cualquier forma, los zapatos fuera del armario y sin limpiar, los cuadernos amontonados sobre las sillas, la mesa de estudio llena de cómic, los bolígrafos perdidos. 
Y eran un mal ejemplo para su hermana pequeña, que ya empezaba a imitarles dejando los juguetes tirados de cualquier forma.

El padre había muerto unos años antes y la madre se vio con
toda la responsabilidad de hacer de aquellos hijos buenos ciudadanos, y para ello trataba de llamarlos al orden a fuerza de razonamientos, pero ellos no prestaban atención a las palabras.
Un domingo, al llegar a casa, se encontraron con una sorpresa,
A la entrada del pasillo había una gran pancarta en la que decía:

MAMÁ EMPIEZA UNA HUELGA DE BRAZOS CAÍDOS HASTA QUE NO SE VEAN ATENDIDAS SUS REIVINDICACIONES:
REBAJA DE HORARIO LABORAL Y AUMENTO DE SUELDO.

Se miraron y se echaron a reír; mamá, a todas luces, bromeaba. Si no hacía ella el trabajo de la casa, ¿quién lo iba a hacer?
Y lo del sueldo era todavía más divertido porque ella no cobraba nada por limpiar, guisar, lavar y planchar, esas eran unas obligaciones suyas que nadie discutía. 

Encontraron a su madre en el cuarto de estar relajada, oyendo
música mientras leía un libro. Les miró y se limitó a decirles: la
pequeña y yo hemos comido; para vosotros preparad lo que veáis.
Así es que la huelga de mamá iba en serio. Lo comprobaron al
ver que era la hora de comer y ni siquiera estaba puesta la mesa ni
había indicio de comida. Se hicieron unos bocatas y vieron que en el fregadero estaban los cacharros y los platos que habían usado para comer su madre y su hermana.
En la habitación se encontraron sin hacer las camas y la ropa
sucia tirada en el suelo.
- ¡Qué fastidio!, dijeron a dúo.
Mamá los miraba burlona y sonreía mientras hacía planes con
sus amigas para irse al cine.
Al llegar la noche decidieron con sus ahorros comprar una
pizza para la cena.
Habían pasado un mal día y pasaron peor noche con la ropa
sucia por el suelo, ya que empezaba a despedir mal olor.
Al día siguiente empeoraron las cosas. Como no querían
ensuciar cacharros para tenerlos luego que fregar, no se prepararon el cola-cao, y la leche la tomaron fría de la nevera con unas galletas que se encontraron en la despensa.
Cuando volvieron del colegio, como el día anterior, la madre
y la hermana pequeña ya habían comido, con lo que habían
aumentado los cacharros sucios del fregadero. Ellos no habían
pensado en que se tenían que preparar la comida, por lo que
malhumorados se volvieron a preparar otro bocata, ahora con pan
duro y tuvieron que renunciar al postre porque se había acabado la

fruta.

Por la noche se frieron unos huevos, por lo que la sartén pasó
a engrosar los cacharros sucios.
A los pocos días, el cuarto de baño estaba asqueroso. Se
amontonaba la ropa sucia y los cacharros en el fregadero, el polvo lo cubría todo, se acabó la comida de la nevera y de la despensa. La
basura estaba sin tirar...
Aquello era un desastre. Allí seguía la pancarta y mamá sin
hacer nada para remediar la situación que ya se hacía insoportable.
Los hermanos hablaron entre ellos y estuvieron de acuerdo en
poner junto a la pancarta de mamá otra más pequeña que decía:
QUEREMOS PARLAMENTAR

Mamá se apresuró a poner: 
ESTA TARDE A LAS SEIS

A las seis se reunieron los tres en el cuarto de estar. Empezó
Santiago: 
- Queremos poner fin a esta huelga estúpida y sin sentido y
por eso queremos saber tus condiciones de trabajo.

Está bien, dijo la madre. Por lo pronto, tenéis que ayudarme a
poner en orden la casa.
A diario, antes de ir al colegio, debéis dejar vuestras camas
hechas y ordenada la habitación y el cuarto de baño.
Por turnos, ir a comprar por la mañana el pan. Al medio día, poner y quitar la mesa. Por la noche, bajar la basura.
Y los sábados, ayudarme a subir la compra de la semana y
preparar la cena.
Los hermanos se miraron un poco aterrados por lo que se les
venía encima, pues no estaban acostumbrados a hacer nada, pero
comprendieron que no había otra solución si querían salir de aquel

atolladero, y dijeron a dúo: ACEPTAMOS.

Ya se iban contentos cuando su madre dijo: 
-Ya hemos hablado de la reducción del trabajo, queda por ver lo del aumento del sueldo.

Los chicos se miraron sin comprender. Podía haber pedido
aumento de sueldo si trabajara en alguna casa, pero en la propia el
trabajo no tenía valor, nunca le habían pagado nada por ello.
Mamá, no sabemos lo que quieres decir con lo del aumento
del sueldo.
Pues es muy sencillo. El sueldo que quiero tener son vuestras
notas. Si estáis dispuestos a estudiar, cancelo la huelga; si no, la hago indefinida. Vosotros decidís.
- Mamá, dijo Juan, eso tenemos que pensarlo porque no va a
ser fácil.

- Está bien, contestó la madre.

Se fueron los dos hermanos a cambiar opiniones. No estaban
acostumbrados ni siquiera a leer. Iba a ser muy duro someterse a un
horario de estudio en el que había que rendir si querían aprobar el
curso. ¿Qué pretendería mamá con aquello? ¿Hacerlos sufrir?
Pasaron discutiendo un buen rato y llegaron a la conclusión de
que mamá con aquello demostraba que se preocupaba por su presente y su futuro y decidieron aceptar.

Les costó bastante someterse a todo lo que habían prometido,
pero se hicieron unos hombres de palabra y trabajo con el que les
abría un porvenir de éxito. 
Y estas buenas cualidades también les hicieron más atractivos ante las niñas.

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA


Como ya todos sabemos, el día 8 de marzo, es día internacional de la mujer trabajadora.
Para este día, mi clase junto a todos los cursos de nuestro colegio, lo vamos a trabajar. Nuestra clase, la de sexto, lo primero que hemos visto de este día han sido cuentos de otros niños y hemos leído un poco sobre el tema. También nuestro maestro, nos ha enseñado una tabla que podemos hacer sobre el trabajo que hacemos en casa junto a nuestra familia, y los componentes son la mamá y el papá, "yo", y los hermanos y hermanas que tengamos. Al final de la tabla, pondremos el total de quien hace más tareas en la casa y también contestaremos algunas preguntas relacionadas con el tema:

MADRE
PADRE
YO
HIJO
Hacer la compra principal
SI
SI


Hacer compras ocasionales
SI
SI
 SI

Programar las comidas
SI



Hacer la comida diariamente
SI

SI

Lavar los platos
SI 

SI 

Lavar la ropa
SI 



Tender
SI
SI 
SI 
SI 
Planchar
SI



Poner la mesa
SI 
SI 
SI 
SI 
Sacar la basura
SI
SI
SI 

Limpiar el polvo
SI

SI

Barrer, pasar la aspiradora, fregar los suelos…
SI
SI 
SI 

Cuidar las plantas
SI
SI 


Repasar la costura
SI



Dar de comer a los  hijos/as
SI
SI 


Atender y vigilar a los hijos/as en casa
SI
SI 


Relaciones con el colegio
SI



Llevar a consulta médica
SI



Hacer que las personas de la familia se sientan relajadas
SI
SI 


Relación con los bancos
SI 
SI 


Mantenimiento del coche familiar
SI 
SI 


Decorar la casa
SI
SI 
SI 

Pintar, empapelar

SI 


Pequeños arreglos: electricidad, carpintería, albañilería…

SI


Encargarse de reparación de electrodomésticos
SI 
SI


TOTAL:
 23
 16
 9
 2
  • Si miramos la tabla, nos damos cuenta, de quien hace más cosas en mi casa, mi madre. De todas las cosas que hay, que son 26 en total, mi madre se encarga de 23 de ellas. Normalmente, en las casas, las que más se ocupan son las madres. 


LAS PREGUNTAS:
1. ¿Quién se ocupa más de las tareas domésticas?
Quien se ocupa más es mi madre. Pero también, por no cargarla mucho de trabajo, si vemos la tabla, también mi padre y yo colaboramos algo. Por ejemplo, en la tabla no he puesto que sepa planchar, pero si estoy aprendiendo. 
También, en la tabla no están puestas todas las cosas domésticas, pero si hubiera más, seguiría siendo mi madre la que realiza más tareas.

2. ¿Para qué son útiles las tareas domésticas?
Son útiles para que la casa esté limpia, porque el polvo afecta a nuestra salud, cuando respiramos. También son útiles para que todos los días vayamos bien vestidos, que estemos saludables higiénicamente...

3. ¿Por qué crees que está distribuido así el tiempo en familia? ¿Te parece justo?
Está distribuido así por los diferentes trabajos que realizamos cada uno, el horario de trabajo de mi madre, de mi hermano y el mío es de mañana, y el horario de mi padre es de mañana y de tarde.
No, porque todavía podríamos compartir más tareas para que la carga del trabajo doméstico se comparta más. 

4. ¿Hacemos lo mismo las chicas que los chicos?
No, porque hay alguna discriminación, ya no tanta como había antes pero alguna si que hay.
Normalmente, las mujeres son las que se ocupan de las tareas, esos con las chicas pasa lo mismo. 
En estos tiempos, ya hay algunos hombre y niños que si ayudan en las cosas de la casa; pero hay muchos que todavía no ayudan. Así que, las chicas hacemos más que los chicos. 
Eso también pasa con los adultos, en muchos de los trabajos, que trabajan chicos y chicas, se les paga más a los hombres que a las mujeres por el mismo trabajo y las mismas horas, y si llega a la mano, las mujeres, muchas veces también trabajan más que algunos hombres, y sin embargo les están pagando más a ellos que a ellas. 

5. ¿Cómo crees que sería el hogar si compartiésemos las tareas todas las personas?
Sería mejor, así todos hacemos el mismo trabajo pero compartido y con tareas distintas, así sería mejor para los que trabajaran siempre, no tendrían que ir de un lugar a otro, limpiando, planchando, comprando..., y si lo hacemos todos juntos se hace más rápido, porque al ser más todo es mejor, y cuando trabajas en grupo es mejor que cuando uno trabaja solo. 



AQUÍ OS DEJO UN VÍDEO COEDUCATIVO: